He escuchado la preocupación de personas que no se sienten respetadas por los demás. Pueden decirlo de diferentes formas: "me pasan a llevar", "me invaden", "no consideran lo que pienso", "no cuidan mi intimidad", "abusan de mi", "no me respetan".Una mujer me decía "mi hija se aprovecha de mi, cada vez que está endeudada tengo que resolverle el problema, termino yo pagándole las deudas". Un profesional joven me contaba que en su oficina abusaban de él, le pedían más trabajos que a los demás, sentía que lo sobrecargaban sin pagarle nada adicional. Una ejecutiva se quejaba de que nunca podía estar sola en su oficina, que permanentemente entraban otras personas a preguntarle cosas o a plantearle problemas, que la invadían y no la dejaban concentarse.
Indagando en estas experiencias me encuentro con la incompetencia para decir "No", "no puedo", "no quiero" y con la dificultad para poner los propios límites, para decir "esto es lo que quiero, este es mi territorio, esto no lo voy a aceptar, éstas son las reglas básicas que quiero que determinadas personas cumplan conmigo, de esto no me voy a hacer cargo, esta es mi opinión, pido ser respetado/a, basta!"
La persona que no ha aprendido a poner sus límites está más orientada a complacer a los otros, es una persona que le da más valor a los demás que el que se da a si misma.
Darle más valor a los demás es no respetarse a si mismo, es algo que conduce a la falta de dignidad personal, fuente de un profundo sufrimiento humano.
Las incompetencias mencionadas pueden tener su origen en los aprendizajes tempranos que hacemos en la familia y en la escuela, eso no significa que sean características permanentes de las personas. A cualquier edad podemos aprender a decir No, a poner límites, a auto-valorarnos, a auto-respetarnos, a tener dignidad. El coaching es una poderosa herramienta para reconocer estas incompetencias y desarrollar estos aprendizajes indispensables para nuestra felicidad
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