lunes 13 de junio de 2011

de Rolando Galleguillos, "Satisfacción Personal, Nutriente Motivacional"

Comparto este texto de un amigo, me hace sentido su planteamiento:

La motivación de las personas es fundamental en el aporte que ellas puedan hacer, a través de la manifestación de su potencial.

En el ámbito del trabajo, considerando un entorno y un clima laboral “normal”, la variable “motivacional” que ha sido históricamente considerada como relevante, es la remuneración.
Sin embargo, con ésta se produce el efecto del “reloj nuevo”: al poco tiempo de ser modificada, se produce acostumbramiento y la motivación se debilita. Además, como es cuantificable, tiende a generar comparación, conflicto y frustración.

Últimamente se ha tomado la participación como variable importante para generar motivación y compromiso. Hay numerosos programas de desarrollo organizacional en los cuales la participación de las personas es relevante.

Se reconoce la existencia de una cultura organizacional y por lo tanto la posibilidad que ésta pueda ser modificada, actuando sobre las personas.
Si el estímulo es solo externo a las personas, el cambio de comportamiento estará presente en tanto esté presente el estímulo y de algún modo será resistido, limitando el resultado del programa.

Si por el contrario, la propuesta de cambio logra ser internalizada por las personas y se genera adherencia, su duración no dependerá de los estímulos externos y el programa logrará los resultados esperados. Es en estas circunstancias que los programas de desarrollo organizacional han logrado los mayores éxitos.

Sin embrago, es poco común encontrar programas en que las personas sean consideradas en toda su dimensión, mas bien son vistas como elementos de un conjunto y no como individuos. Por lo tanto, siguen siendo las mismas personas actuando en un contexto diferente. Siguen siendo las mismas personas con la misma percepción de si mismas, con su mismo grado de satisfacción o insatisfacción.

Y es una desafortunada realidad, que el estado mas frecuente en ellas es de algún grado de insatisfacción, que finalmente termina por ser parte de la cultura de las organizaciones.

Esta propuesta contempla considerar como aspecto motivacional relevante, adicionalmente a la participación, la satisfacción de las personas consigo mismas, su propia felicidad, su sentido de realización, para lograr maximizar su aporte, maximizar la manifestación de su potencial.

Por contraposición a la remuneración, la satisfacción personal no adolece del “defecto” reloj nuevo, no es cuantificable, por lo que no genera comparaciones odiosas, el que las personas quieran mas de ella no implica una escalada de costos, no es dañino que se convierta en parte de la cultura organizacional y su efecto se puede manifestar en todas las áreas y puestos de trabajo de la empresa.
Es también notoria la benéfica influencia que las personas satisfechas de si mismas ejercen sobre el resto.

Haciendo el paralelo con una actividad agrícola, sea cual sea la especie que se plante en un terreno, el desarrollo sano y vigoroso de la misma, estará fuertemente influenciado por el adecuado contenido de nutrientes del terreno en la que se plante.
 
Así, la Satisfacción Personal puede ser considerada como un Nutriente Motivacional que se requiere presente en las personas, para que todo programa empresarial pueda desarrollarse con éxito.

sábado 1 de mayo de 2010

Reflexiones sobre la Ansiedad

Un amigo me pidió que escriba sobre la ansiedad. Ya la sola idea de hacerlo me produjo una cierta ansiedad... ¿Qué es la ansiedad? me pregunté... Buena pregunta, veo que uso esa palabra frente a reacciones o formas de actuar muy disímiles 

A veces la veo como una emoción que nos puede paralizar o hacernos perder el foco de lo que queremos. Por ejemplo, digo que la ansiedad me frena o me inhibe a escribir sobre este tema, es algo que quiero hacer, pero una cierta inquietud me impide empezar a hacerlo... y entonces, con la inquietud a cuestas, me pongo a hacer otras cosas, postergando lo que quería hacer

Otras veces llamo ansiedad a una emoción que nos lleva a actuar compulsivamente, a hacer algo que tal vez no queremos hacer, a repetir una acción que puede no ser positiva para uno,... a actuar sin hacernos cargo totalmente de las consecuencias... La acción "nos llama", estamos lanzados a hacerla, así calmamos nuestra sensación. Por ejemplo, nos lleva a comer aunque no tengamos hambre, a fumar, a beber alcohol, a comprar algo que no necesitamos o a comprar más de la cuenta, a hablar sin dar espacio para escuchar al otro...

Cuando digo que estoy ansiosa estoy en una emoción o sensación anímica/corporal que me lleva a querer, a desear o a necesitar hacer algo con cierta urgencia... siento un estado de malestar, una sensación de inquietud, de intranquilidad...

Pienso en estas sensaciones y las asocio con la emoción del miedo. ¿Será que lo que llamo ansiedad es una forma de miedo?... ¿miedo a qué?... seguramente son miedos diferentes en distintas personas... Identifico en mi el miedo a hacerlo mal, o el miedo a ser rechazada, como situaciones que me llevan a comer chocolates, galletas o pan con mantequilla en forma desmedida... también puedo identificar un miedo más profundo, el miedo al vacío, a la nada...

La ansiedad puede ser la emoción que me mueve cuando el futuro inmediato me aparece incierto o cuando me conecto con el sin sentido de nuestra existencia

La paz, la serenidad, la gratitud pueden ser las emociones que se contraponen, aquellas que tenemos que cultivar para no ser poseídos por la ansiedad

martes 16 de marzo de 2010

¿Es posible la confianza hoy día?

Recibí por mail un texto maravilloso del Psicólogo Daniel Taroppio, Director de la Escuela Sudamericana de Psicología Transpersonal. Una larga reflexión sobre lo que ocurre con experiencias como el terremoto de Chile y tantos otros fuertes fenómenos de la naturaleza que han afectado a otras partes del planeta.  Se pregunta qué pasa con nuestra confianza básica en este contexto.

Sus palabras me impactaron mucho, me quedo sobrecogida, me hace mirar lo ocurrido con otros ojos, también me surge fuerte el agradecimiento. Copio tres párrafos que me hacen especial sentido, claro que pueden quedar fuera de contexto: 

"...me preguntan: ¿Cómo podemos sentir confianza en medio de tanta incertidumbre y caos global?..."
"A mi humilde entender, la confianza básica no consiste en quedarnos tranquilos sólo porque creemos que todo va salir bien, de acuerdo a nuestros deseos, modelos mentales y anhelos, sino en sentir que todo está bien, así como es, aunque el mundo se derrumbe a nuestro alrededor. Confianza básica no es mente positiva ni intentos de manipular la realidad con alguna fórmula de magia. Es profunda aceptación y entrega al momento presente, sea éste lo que sea, sobre todo cuando es inevitable".

"El Flujo Primordial del Universo jamás se interrumpe. Un terremoto es una liberación extraordinaria de Flujo, no un corte. Y el fin del mundo también lo sería. Respirar hondo y confiar en que el Cosmos tiene planes más profundos que los nuestros, eso es para mi confianza básica. Y esos planes pueden incluir la desaparición de este mundo, como ocurre permanentemente con tantos planetas, en todas las galaxias, y como ha ocurrido aquí mismo en el pasado".

"No podemos hacer nada para controlar estos fenómenos. Sin embargo, somos libres de elegir cómo vivirlos. En estos momentos, mientras unos pocos chilenos buscan cómo robarle al vecino a quien se le derrumbó la casa, cientos de miles trabajan sin dormir para ayudar a su prójimo. Y millones oran y donan lo que pueden para aportar algo de alivio. Esa es nuestra libertad. Y cuando parece que no tenemos más opciones, aún nos queda la última, abrazarnos a quien tengamos al lado o a nosotros mismos, ponernos las manos en el corazón y esperar lo que venga con una serena sonrisa de gratitud por todo lo vivido".

Muchas gracias Daniel por el regalo que me hiciste!

martes 9 de marzo de 2010

El costo emocional de la tragedia

Estoy en silencio, vivo desde el asombro, el dolor y la esperanza lo que ocurrió y está ocurriendo en nuestro país con el terremoto. La tragedia no tiene explicación para nosotros, aunque exista la respuesta científica que describe en términos físicos las causas.

Me pregunto qué pasa con nuestra naturaleza, con nuestra Madre Tierra, que siendo tan perfecta vive o genera estos cambios o movimientos que terminan en tragedia para los que habitamos y somos parte de ella. No tengo respuesta... Se que nuestros pueblos originarios la tienen, siempre fueron tremendamente ligados a la tierra, la han escuchado tanto más que nosotros, pero aún no conozco bien sus narrativas al respecto.

Me maravillo con tantas personas que lo perdieron todo y empiezan inmediatamente a construir espacios de solidaridad, tantos que ya están decididos a volver a empezar con un ánimo de aceptación que no se si yo sería capaz de tener.

Me pregunto por el costo emocional de toda esta tragedia. Pienso que el miedo es la emoción que predomina, en distinto grado según lo que cada uno vivió. Para muchos puede ser el pánico, la angustia, la paralización frente a una realidad que no controlan y que en cualquier momento puede volver a remecerlo todo. ¿Cuánto tiempo durará el miedo? ¿A cuánta gente poseerá esta emoción?. Sin duda no sólo a los directamente afectados. El miedo nos mueve a prevenir, a tomar cuidado, a arrancar de la amenaza, a buscar apoyo, ayuda de otros. También puede llevarnos a la desconfianza, ese ánimo que nos hace ver al otro como potencial enemigo, como alguien que puede cerrar mis posibilidades.

La tristeza, el desgarro de la perdida, sin duda es una emoción de mucha gente, personas que están sufriendo la muerte de seres queridos. Asímismo puede estar presente en quienes perdieron su casa, su trabajo, lo que lograron construir con su esfuerzo. También puede ser la emoción de los que perdieron el pueblo al que pertenecían, en el que construyeron su historia, en el que tenían sus raíces.

La rabia es una emoción que he visto en los testimonios de muchas personas y que escucho en muchos que son observadores de la tragedia. La rabia va dirigida principalmente a quienes son los principales responsables de la ayuda, las personas e instituciones del gobierno. Se habla de la tardanza, la falta de presencia, la desorganización, la ausencia de sistemas de comunicación. Sin duda la rabia es necesaria, es una forma de salir del miedo y de la tristeza que provoca tanta pérdida, es un ánimo que nos moviliza, nos da la energía necesaria para pasar a la acción. También la rabia puede hacernos perder energía inútilmente, puede llevarnos al resentimiento, impidiéndonos mirar el futuro con libertad y apertura.

La desconfianza es otro estado de ánimo que he podido observar, tanto frente a las posibilidades del futuro como frente a la acción del Estado o de quienes han acudido a ayudar. Aunque me parece que también hay tanta gente en un ánimo de confianza, confianza en sí mismos, en las instituciones, en nuestro país, en la generosidad de los chilenos.

Por otra parte, he visto tanto agradecimiento por haber salvado la vida en circuntancias tan devastadoras. "Lo perdimos todo, pero lo importante es que estamos vivos". Escuchar estos testimonios es algo que me emociona profundamente. Desde el agradecimiento podemos construir algo nuevo, podemos acercarnos a otros, sumar esfuerzos, podemos hacer posible la alegría.

Sin duda hemos visto el ánimo de resolución en las autoridades y en instituciones del país para enfrentar los problemas más urgentes que afectan a las personas y comunidades involucradas. Junto a esto la compasión y amor de tanta gente que ha acudido a acompañar, a facilitar las tareas de ayuda que se necesitan.

Bueno, se podrían distinguir tantas otras emociones y estados de ánimo, el apego y el desapego, la resignación, la esperanza y la desesperanza, por ejemplo, pero éstas que mencioné más arriba me parecen las más visibles.

Quienes trabajamos en Coaching podemos hacer un gran aporte a la gente afectada por este terremoto, sabemos trabajar con situaciones traumáticas, sabemos movilizar las emociones que resultan negativas, ayudar a que no queden instaladas, incrustradas en el cuerpo, podemos facilitar los cambios necesarios para no quedar en el resentimiento, para poder habitar la gratitud, la confianza y las ganas de vivir. Es mi compromiso ser parte de este proyecto.

domingo 3 de enero de 2010

Aburrimiento

Quien no ha vivido la experiencia de sentirse aburrido. "La reunión estuvo aburrida", "la fiesta fue una lata", "la conversación no iba para ningún lado, esta persona no es entretenida", "mi trabajo es muy aburrido" son algunas de las expresiones que solemos decir o que escuchamos.

Esta forma de hablar, por tanto de considerar la situación vivida, muestra que ponemos el aburrimiento en las otras personas o en los hechos vividos, es decir, fuera de nosotros. Como si fuera algo inherente a la situación o a la persona en cuestión. 

Con esta interpretación no nos queda más que aburrirnos en muchas situaciones. No nos vemos como actores de estos hechos o de estas conversaciones, somos ciegos a la posibilidad de cambiarlas.

He aprendido otra interpretación del aburrimiento. Nos aburrimos cuando no vemos posibilidades para nosotros en la experiencia que estamos viviendo. El aburrimiento está en la persona que se aburre, podemos decir que es una emoción o un estado de ánimo. También podemos distinguirlo como un juicio, un nombre que le ponemos a lo que sentimos cuando no nos involucramos, cuando somos pasivos, cuando no vemos que podemos co-crear lo que vivimos, cuando no nos hacemos cargo de nosotros mismos.

Si miramos el mundo o las personas como algo estático, algo que "es" de determinada manera, una entidad con una esencia propia, no nos queda más que aburrirnos o encantarnos.

Nos aburrimos cuando consideramos que no hay nada positivo, ninguna oportunidad para mi. En este caso estamos siendo víctimas de lo que ocurre fuera de nosotros. Nos encantamos cuando hacemos algo o tenemos un logro relacionado con nuestras inquietudos o cuando, por el azar de la vida, otra persona o los hechos vividos responden a nuestras preocupaciones o intereses. En este último caso estamos siendo dependientes de lo que sucede fuera de nosotros.

Tambien podemos vivir un  aburrimiento generalizado a varios ámbitos de nuestra existencia. En este caso puede ser una señal de falta de sentido de vida, tema que puede ser parte de una conversación más adelante

sábado 19 de diciembre de 2009

La ambición: ¿virtud o defecto?

Considero que la ambición es indispensable para vivir y ser feliz en el mundo de hoy.

Crecí con la idea de que la ambición era algo malo. No se donde lo escuché, pero me resuena la frase "es un ambicioso" como un juicio claramente negativo de alguien, algo peyorativo, que sobretodo se notaba en el tono de voz con que se decía. Pienso que esta interpretación negativa viene de la cultura católica, al menos de como a mi me llegó. Soy ignorante respecto a la Biblia, pero seguro que más de alguna mención hay respecto a la ambición, relacionándola sobretodo con la riqueza y el poder.

Googlié la palabra y encontré que Wikipedia define la ambición como "el deseo ardiente de poseer riquezas, fama, poder u honores".  Agrega, "en ocasiones, una persona ambiciosa podría dañarse a si misma o a los demás para conseguir lo que desea"

El texto siguiente que apareció en Internet fue "El problema de la ambición no está en el loable deseo de prosperar, ni en la inquietud sana por aspirar a un mejor nivel de vida, dentro de unos límites razonables, sino en llegar a convertir la propia existencia en lucha, violencia y actividad febril por las riqueza, el encubrimiento personal, las alabanzas, las admiraciones,..."... "La ambición sin freno, la ambición como conducta y estilo de vida, no sólo es uno de los más graves impedimentos de la felicidad humana, sino que puede llegar a empobrecer y destruir el corazón del hombre y sus más nobles sentimientos".

De esta primera mirada de lo que aparece en la red escucho que la ambición es interpretada como algo negativo, incluso peligroso,  algo que puede impedir la felicidad o destruir la nobleza del ser humano.

Me he hecho una interpretación muy diferente de la ambición. La asocio con una búsqueda activa, creativa, de un mejoramiento de una situación o de la resolución de algo que nos aqueja o aqueja a otros o de la búsqueda de nuevos espacios, de nuevas posibilidades, de nuevos mundos. Podríamos decir que la ambición es un estado de ánimo que nos mueve a actuar de una determinada manera, que nos moviliza a alcanzar o crear algo mejor, que nos impide resignarnos con aquello que no nos gusta. La ambición sería el principal antídoto de la depresión.

Considero que necesitamos una buena dosis de ambición para ser felices, para no estancarnos en lo que somos, para no sufrir con las dificultades o frustraciones, para crear, pare hacer posible esa maravillosa caracteristica del ser humano de poder inventar el mundo que vivimos. Ser "ambicioso" es para mi una gran virtud, algo que todos debiéramos cultivar.

jueves 10 de diciembre de 2009

No me respetan

He escuchado la preocupación de personas que no se sienten respetadas por los demás. Pueden decirlo de diferentes formas: "me pasan a llevar", "me invaden", "no consideran lo que pienso", "no cuidan mi intimidad", "abusan de mi", "no me respetan".

Una mujer me decía "mi hija se aprovecha de mi, cada vez que está endeudada tengo que resolverle el problema, termino yo pagándole las deudas". Un profesional joven me contaba que en su oficina abusaban de él, le pedían más trabajos que a los demás, sentía que lo sobrecargaban sin pagarle nada adicional. Una ejecutiva se quejaba de que nunca podía estar sola en su oficina, que permanentemente entraban otras personas a preguntarle cosas o a plantearle problemas, que la invadían y no la dejaban concentarse.

Indagando en estas experiencias me encuentro con la incompetencia para decir "No", "no puedo", "no quiero" y con la dificultad para poner los propios límites, para decir "esto es lo que quiero, este es mi territorio, esto no lo voy a aceptar, éstas son las reglas básicas que quiero que determinadas personas  cumplan conmigo, de esto no me voy a hacer cargo, esta es mi opinión, pido ser respetado/a, basta!"

La persona que no ha aprendido a poner sus límites está más orientada a complacer a los otros, es una persona que le da más valor a los demás que el que se da a si misma.

Darle más valor a los demás es no respetarse a si mismo, es algo que conduce a la falta de dignidad personal, fuente de un profundo sufrimiento humano.

Las incompetencias mencionadas pueden tener su origen en los aprendizajes tempranos que hacemos en la familia y en la escuela, eso no significa que sean características permanentes de las personas. A cualquier edad podemos aprender a decir No, a poner límites, a auto-valorarnos, a auto-respetarnos, a tener dignidad. El coaching es una poderosa herramienta para reconocer estas incompetencias y desarrollar estos aprendizajes indispensables para nuestra felicidad